REVISTA EN CONSTRUCCIÓ...* (nº4)
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SOLIDARIOS. ¿ EN QUÉ MEDIDA?

¿Hasta donde está dispuesta a llegar la sociedad catalana en materia de solidaridad?

Esta pregunta que, desde el post-franquismo, nuestros próceres y progresistas líderes de la izquierda han aireado por los parlamentos catalán y español, bien en su ejercicio del gobierno, o desde la oposición. Y los sindicatos mayoritarios mediante la asunción de una posición de representación de los trabajadores. Hoy sólo tiene sentido en un mundo globalizado, si trascendemos el ámbito y las fronteras vigentes.

Las olas migratorias de los años 40 y 60 y 70 desde el resto del Estado español a Cataluña, fueron proclives y necesarias para el crecimiento industrial y económico de las urbes catalanas. Se podría decir que la solidaridad del capital y de la sociedad catalana en su conjunto, con la fuerza de trabajo de otras regiones del Estado, construyó la Cataluña actual.

Opino que éstos no deberían constituir los límites de solidaridad de la sociedad catalana: la demarcación del territorio estatal y subsidiaria de los intereses de las elites económicas catalanas. Aún así, teniendo en cuenta la gran riqueza económica, social y cultural desarrollada en unos decenios de crecimiento económico sostenido, ligado al desarrollo de las fuerzas productivas, habríamos de concluir que el resultado fue más que satisfactorio. Ello, no solamente a nivel económico, sino que procuró riqueza añadida a nivel social y cultural, constituyéndose así un ámbito de integración y convivencia plural entre gente diversa, proveniente de los diversos pueblos que forman parte del Estado español.

Los últimos años, han significado un cambio en los escenarios de la solidaridad - Sea esta entendida en su aspecto más humanitario, como la forma de procurar esfuerzos en la ayuda de los grupos y/o sociedades más favorecidas a las más desfavorecidas; bien como solidaridad internacionalista entre las clases trabajadoras; o bien como el pacto que el liberalismo social o socialdemocracia ofrece entre el capital y el trabajo - La situación estructural de la sociedad mundial actual, viene marcada, por un factor incontrovertible y que es necesario tomar muy en cuenta, es el de los grandes movimientos de población. Una de las manifestaciones de estos desplazamientos humanos, es la presión migratoria en las fronteras de las naciones occidentales, y más en concreto de la Unión Europea. Y ello nos interpela, de nuevo en Cataluña, sobre el concepto de solidaridad que prodigamos.

Por supuesto, ante esta realidad, Cataluña reparte, resta, suma o multiplica sus solidaridades, todo depende de los grupos sociales, políticos y económicos en liza; de las voluntades en cuestión. Para los más trasnochados defensores de las esencias, la auténtica solidaridad de Cataluña, habrá de empezar por hacer prevalecer, en cualquier situación, los valores y tradiciones de la propia sociedad catalana misma. Para los calculadores de la razón instrumental por promover la performatividad del sistema, o sea por la creación de riqueza dirigida fundamentalmente al beneficio propio - Aunque trate de legitimarse argumentando que la acumulación de riqueza desborda el recipiente, beneficiando al final a todos . Para otros (sindicalistas e izquierdas fácticas) por conjugar esfuerzos, dentro del pacto social entre capital y trabajo, para crear fuerza social de izquierda añadida y mejorar el estatus de la ciudadanía nacional. Para internacionalistas y humanistas universalistas, por compartir el bienestar de nuestras sociedades con aquellas personas que cruzan las fronteras que nos separan de ellos, simplemente buscando una forma de posibilidad de subsistencia. ¿Qué es para ti la vida? Se preguntaban en una pancarta unos paquistaníes, que participaban el día 31 de enero del presente año 2004, en la manifestación convocada a nivel europeo, contra las leyes de extranjería en Europa. Y se respondía "Sobrevivir, amigo, para mí la vida es poder sobrevivir".

En dicha manifestación a la que asistieron entre 5 y 10000 personas, la mayoría inmigrantes procedentes de diversos países, no aparecieron personas conocidas del sindicalismo o de la política catalana. La convocatoria fue realizada por medio centenar de colectivos de emigrantes, ONG'S y el sindicato CGT. Cabe decir que el colectivo de ATTAC- Clot convocó a través de las listas de asociados de ATTAC-Cataluña. Los gritos más coreados fueron "Papeles para todos" y "Ningún ser humano es ilegal". Siendo las consignas genéricas de la manifestación: la regularización de todos los inmigrantes y la exigencia de cierre de los centros de internamiento.

Se hace necesario abrir un debate social amplio y que la sociedad conozca los beneficios de la inmigración. Pero estos beneficios solo pueden conjugarse con políticas de integración adecuadas, con el reconocimiento universal de los derechos y con la persecución de las mafias de la inmigración y de las mafias empresariales autóctonas que acumulan beneficios a costa de la miseria y la desesperación. Los rasgos xenófobos que han aparecido en algunas poblaciones de nuestro entorno próximo, han tenido mucho que ver con la inseguridad que entraña el desconocimiento mutuo, pero también con una ley - la 8/2000- de extranjería en el Estado español, retrograda e ineficaz y que atenta claramente contra la declaración universal de los derechos humanos- Hasta el defensor del pueblo ha llegado la petición de inconstitucionalidad, promovida por la Subcomisión de Extranjería del Consejo de la Abogacía-. Tiene que ver así mismo con las prácticamente inexistentes medidas, consensuadas entre administraciones, para promover la integración de la inmigración. También con un determinado "discurso de ciertas elites" política, académica, ejecutiva, pero muy especialmente de las elites que controlan los medios de comunicación y que se dedican a encauzar a la opinión pública.

Habría que preguntarse, desde las diferentes sensibilidades solidarias y en un mundo globalizado en el cual mercaderías, capitales, información, cultura, ... circulan globalmente. ¿Qué hacemos con las personas extracomunitarias? ¿ Les cerramos o les abrimos el paso a Europa? ¿Priorizaremos una Europa de la seguridad, con estrictas políticas de cupos en materia de inmigración? O bien ¿tendremos el valor de apostar por una Europa universalista, amplia, acogedora, solidaria y creadora de capital social diversificado?

La política de cupos, se ha mostrado tremendamente ineficaz en cuanto a la consecución de sus objetivos propuestos, pero además ha dado de lado y dejado en la estacada a miles de personas a las que nuestra sociedad les debe reconocimiento. Miles de personas, sin papeles, que llevan años trabajando en circunstancias de explotación en nuestro continente europeo. A su costa, aumentan su riqueza muchos desaprensivos; blanqueando, algunos, a su vez los dividendos ganados y no declarados, mediante operaciones de carácter especulativo. Nuestra obligación, sin vacilaciones, para con estas personas es apoyar su reivindicación de que se haga justicia con ellos. De la misma forma las cuestiones de las deudas histórica y ecológica contraídas por la vieja Europa, nos obligan hacia ellos moralmente, hacia las personas de los países desarrollados o en vías de desarrollo. No podemos negarles los derechos civiles, políticos y sociales cuando están en "nuestro" territorio. Nuestra Europa ha de construirse cosmopolita, universalizando los derechos.

En opinión de la ONU, una Europa envejecida, que descenderá de los 730 millones de habitantes actuales a 628, necesitará a mitad de siglo entre 48 y 78 millones de personas inmigrantes, para mantener su actual estructura laboral. Si esto es así ¿ Qué estamos haciendo, cual es nuestro miedo a legitimar el estatus de ciudadanía de los llamados sin papeles?. Visto desde la óptica calculadora ¿Cómo se mantendrá la estructura productiva?. ¿Cómo se cubrirán los servicios necesarios?. ¿Cómo se financiará nuestro sistema de seguridad social? ¿Quién pagará nuestras pensiones?.

El mundo va a cambiar en los próximos años más allá de lo imaginable y Europa habrá de ofrecer rasgos de buena voluntad muy diferentes de los llamados ajustes estructurales y las políticas de flexibilidad y movilidad laboral - reclamados por el Banco Mundial y el FMI -si quiere mantener su actual nivel de bienestar, el mercado ya ha encontrado otros caminos, muchos de ellos llevan a oriente.....

Pero, sobre todo, habríamos de convencernos de que el mayor bienestar del ser humano occidental, debería ser compatible con el hecho de compartir su bienestar, con el de ejercer su solidaridad transcendiendo fronteras en un mundo globalizado.


Antonio Fuertes
ATTAC-Clot
(Febrero 2004)

 

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