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SOLIDARIOS. ¿ EN QUÉ
MEDIDA?
¿Hasta donde está dispuesta a llegar la sociedad catalana
en materia de solidaridad?
Esta pregunta que, desde el post-franquismo, nuestros próceres
y progresistas líderes de la izquierda han aireado por los parlamentos
catalán y español, bien en su ejercicio del gobierno, o
desde la oposición. Y los sindicatos mayoritarios mediante la asunción
de una posición de representación de los trabajadores. Hoy
sólo tiene sentido en un mundo globalizado, si trascendemos el
ámbito y las fronteras vigentes.
Las olas migratorias de los años 40 y 60 y 70 desde el resto del
Estado español a Cataluña, fueron proclives y necesarias
para el crecimiento industrial y económico de las urbes catalanas.
Se podría decir que la solidaridad del capital y de la sociedad
catalana en su conjunto, con la fuerza de trabajo de otras regiones del
Estado, construyó la Cataluña actual.
Opino que éstos no deberían constituir los límites
de solidaridad de la sociedad catalana: la demarcación del territorio
estatal y subsidiaria de los intereses de las elites económicas
catalanas. Aún así, teniendo en cuenta la gran riqueza económica,
social y cultural desarrollada en unos decenios de crecimiento económico
sostenido, ligado al desarrollo de las fuerzas productivas, habríamos
de concluir que el resultado fue más que satisfactorio. Ello, no
solamente a nivel económico, sino que procuró riqueza añadida
a nivel social y cultural, constituyéndose así un ámbito
de integración y convivencia plural entre gente diversa, proveniente
de los diversos pueblos que forman parte del Estado español.
Los últimos años, han significado un cambio en los escenarios
de la solidaridad - Sea esta entendida en su aspecto más humanitario,
como la forma de procurar esfuerzos en la ayuda de los grupos y/o sociedades
más favorecidas a las más desfavorecidas; bien como solidaridad
internacionalista entre las clases trabajadoras; o bien como el pacto
que el liberalismo social o socialdemocracia ofrece entre el capital y
el trabajo - La situación estructural de la sociedad mundial actual,
viene marcada, por un factor incontrovertible y que es necesario tomar
muy en cuenta, es el de los grandes movimientos de población. Una
de las manifestaciones de estos desplazamientos humanos, es la presión
migratoria en las fronteras de las naciones occidentales, y más
en concreto de la Unión Europea. Y ello nos interpela, de nuevo
en Cataluña, sobre el concepto de solidaridad que prodigamos.
Por supuesto, ante esta realidad, Cataluña reparte, resta, suma
o multiplica sus solidaridades, todo depende de los grupos sociales, políticos
y económicos en liza; de las voluntades en cuestión. Para
los más trasnochados defensores de las esencias, la auténtica
solidaridad de Cataluña, habrá de empezar por hacer prevalecer,
en cualquier situación, los valores y tradiciones de la propia
sociedad catalana misma. Para los calculadores de la razón instrumental
por promover la performatividad del sistema, o sea por la creación
de riqueza dirigida fundamentalmente al beneficio propio - Aunque trate
de legitimarse argumentando que la acumulación de riqueza desborda
el recipiente, beneficiando al final a todos . Para otros (sindicalistas
e izquierdas fácticas) por conjugar esfuerzos, dentro del pacto
social entre capital y trabajo, para crear fuerza social de izquierda
añadida y mejorar el estatus de la ciudadanía nacional.
Para internacionalistas y humanistas universalistas, por compartir el
bienestar de nuestras sociedades con aquellas personas que cruzan las
fronteras que nos separan de ellos, simplemente buscando una forma de
posibilidad de subsistencia. ¿Qué es para ti la vida?
Se preguntaban en una pancarta unos paquistaníes, que participaban
el día 31 de enero del presente año 2004, en la manifestación
convocada a nivel europeo, contra las leyes de extranjería en Europa.
Y se respondía "Sobrevivir, amigo, para mí la vida
es poder sobrevivir".
En dicha manifestación a la que asistieron entre 5 y 10000 personas,
la mayoría inmigrantes procedentes de diversos países, no
aparecieron personas conocidas del sindicalismo o de la política
catalana. La convocatoria fue realizada por medio centenar de colectivos
de emigrantes, ONG'S y el sindicato CGT. Cabe decir que el colectivo de
ATTAC- Clot convocó a través de las listas de asociados
de ATTAC-Cataluña. Los gritos más coreados fueron "Papeles
para todos" y "Ningún ser humano es ilegal". Siendo
las consignas genéricas de la manifestación: la regularización
de todos los inmigrantes y la exigencia de cierre de los centros de internamiento.
Se hace necesario abrir un debate social amplio y que la sociedad conozca
los beneficios de la inmigración. Pero estos beneficios solo pueden
conjugarse con políticas de integración adecuadas, con el
reconocimiento universal de los derechos y con la persecución de
las mafias de la inmigración y de las mafias empresariales autóctonas
que acumulan beneficios a costa de la miseria y la desesperación.
Los rasgos xenófobos que han aparecido en algunas poblaciones de
nuestro entorno próximo, han tenido mucho que ver con la inseguridad
que entraña el desconocimiento mutuo, pero también con una
ley - la 8/2000- de extranjería en el Estado español, retrograda
e ineficaz y que atenta claramente contra la declaración universal
de los derechos humanos- Hasta el defensor del pueblo ha llegado la petición
de inconstitucionalidad, promovida por la Subcomisión de Extranjería
del Consejo de la Abogacía-. Tiene que ver así mismo con
las prácticamente inexistentes medidas, consensuadas entre administraciones,
para promover la integración de la inmigración. También
con un determinado "discurso de ciertas elites" política,
académica, ejecutiva, pero muy especialmente de las elites que
controlan los medios de comunicación y que se dedican a encauzar
a la opinión pública.
Habría que preguntarse, desde las diferentes sensibilidades solidarias
y en un mundo globalizado en el cual mercaderías, capitales, información,
cultura, ... circulan globalmente. ¿Qué hacemos con las
personas extracomunitarias? ¿ Les cerramos o les abrimos el paso
a Europa? ¿Priorizaremos una Europa de la seguridad, con estrictas
políticas de cupos en materia de inmigración? O bien ¿tendremos
el valor de apostar por una Europa universalista, amplia, acogedora, solidaria
y creadora de capital social diversificado?
La política de cupos, se ha mostrado tremendamente ineficaz en
cuanto a la consecución de sus objetivos propuestos, pero además
ha dado de lado y dejado en la estacada a miles de personas a las que
nuestra sociedad les debe reconocimiento. Miles de personas, sin papeles,
que llevan años trabajando en circunstancias de explotación
en nuestro continente europeo. A su costa, aumentan su riqueza muchos
desaprensivos; blanqueando, algunos, a su vez los dividendos ganados y
no declarados, mediante operaciones de carácter especulativo. Nuestra
obligación, sin vacilaciones, para con estas personas es apoyar
su reivindicación de que se haga justicia con ellos. De la misma
forma las cuestiones de las deudas histórica y ecológica
contraídas por la vieja Europa, nos obligan hacia ellos moralmente,
hacia las personas de los países desarrollados o en vías
de desarrollo. No podemos negarles los derechos civiles, políticos
y sociales cuando están en "nuestro" territorio. Nuestra
Europa ha de construirse cosmopolita, universalizando los derechos.
En opinión de la ONU, una Europa envejecida, que descenderá
de los 730 millones de habitantes actuales a 628, necesitará a
mitad de siglo entre 48 y 78 millones de personas inmigrantes, para mantener
su actual estructura laboral. Si esto es así ¿ Qué
estamos haciendo, cual es nuestro miedo a legitimar el estatus de ciudadanía
de los llamados sin papeles?. Visto desde la óptica calculadora
¿Cómo se mantendrá la estructura productiva?. ¿Cómo
se cubrirán los servicios necesarios?. ¿Cómo se financiará
nuestro sistema de seguridad social? ¿Quién pagará
nuestras pensiones?.
El mundo va a cambiar en los próximos años más allá
de lo imaginable y Europa habrá de ofrecer rasgos de buena voluntad
muy diferentes de los llamados ajustes estructurales y las políticas
de flexibilidad y movilidad laboral - reclamados por el Banco Mundial
y el FMI -si quiere mantener su actual nivel de bienestar, el mercado
ya ha encontrado otros caminos, muchos de ellos llevan a oriente.....
Pero, sobre todo, habríamos de convencernos de que el mayor bienestar
del ser humano occidental, debería ser compatible con el hecho
de compartir su bienestar, con el de ejercer su solidaridad transcendiendo
fronteras en un mundo globalizado.
Antonio Fuertes
ATTAC-Clot
(Febrero 2004)

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